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19-06-2019

¿Aprenderá la izquierda la lección?

 

Pedro Sánchez, durante la rueda de prensa.EFE/Luca Piergiovanni

SURda

Opinión

España

Agustín Moreno

 

Los partidos a la izquierda del PSOE han sufrido una derrota en las elecciones del 26 de mayo. Era una crónica anunciada desde que se produjo la implosión de Podemos, de Ahora Madrid y de otras mareas y coaliciones en diferentes ciudades y territorios. Ha sido más dramática aún porque la ocasión era inmejorable para mantener el gobierno de grandes ciudades y conquistar el de comunidades como Madrid (CAM), donde era urgente sacar a la derecha del poder. Como alguien ha escrito, otra vez la izquierda se ha ahogado en la orilla.

En esta triple cita electoral de europeas, autonómicas y municipales, el PSOE ha obtenido los mejores resultados aprovechando la ola del 28 de abril. Unidas Podemos y el Partido Popular han sufrido serios descalabros, aunque el PP intentará enmascararlos con pactos a la andaluza en Madrid, Castilla León o Murcia. Ciudadanos ha tenido cierta mejoría pero está muy lejos de liderar la oposición. Vox se ha desinflado bastante y su influencia sería residual si la derecha no se empeñase en reconocerles como interlocutor.

En la batalla por Madrid no le salen las cuentas a la izquierda, pese a las óptimas condiciones para recuperar el poder en la comunidad y mantenerlo en el Ayuntamiento. Y eso que la derecha concurría dividida, que la gestión del PP ha sido calamitosa (lo que Escolar llama el “régimen de Madrid” ), que se ha imputado a dos de sus presidentes, y que es difícil poner peores candidatos. Pero ni así. El PSOE ha ganado en la comunidad con los mismos diputados que en 2015; y en el ayuntamiento quedó cuarto perdiendo un concejal. El viento en las velas del PSOE en toda España no se ha dejado sentir en Madrid.

En cuanto a Unidas Podemos y a Más Madrid, la división ha perjudicado seriamente el resultado electoral como veníamos anunciando desde ener o . Estos son los datos de 2019 en la CAM: Más Madrid (471.538 votos)+ UP (178.979)= 650.387 votos. En 2015 los votos fueron: Podemos (591.697)+ IU (132.207)= 723.904 votos. Es decir, con 2,3 puntos más de participación, la izquierda del PSOE ha perdido 73.000 votos y un 2,6%. Cuando las cosas están tan apretadas se puede ganar o se perder el poder por un puñado de votos o por la abstención. A la izquierda solo le faltó un diputado para gobernar en 2015 (a pesar de que no computaron 132.000 votos de IU porque Podemos rechazó todo acuerdo), ahora queda cuatro escaños por debajo del bloque de la derecha. La pugna con Unidas Podemos la ha ganado Más Madrid, pero no ha servido para cambiar la relación de fuerzas. Bajarse de un carro en el que iban todos juntos no parece una brillante jugada para ganar si es que era ese el objetivo.

Los datos tiran abajo la teoría sobre las bondades de la división para justificarla: no se ocupa más espacio electoral. SI se lanza un mensaje de división y fractura, que luego se traduce en campañas enfrentadas, decae la esperanza, el compromiso, el activismo y suele haber una sanción política del electorado. Eso es lo que ha pasado en Madrid y en más sitios: la división ha supuesto menos ilusión y menos votos. La derrota de la izquierda es aún más dura por la expectativa de victoria creada por determinadas encuestas. Hay que recordar la del CIS, sobre la que ya alerté porque no cuadraban sus predicciones y los resultados de las elecciones generales del 28-A.

Así las cosas, será inexorable el gobierno de las derechas y la ultraderecha en Madrid si se acepta como algo natural un pacto que en los países europeos más democráticos nadie se atreve a hacer. Por ejemplo, en Francia, Marine Le Pen ha ganado las elecciones europeas con un 24% de los votos, pero no puede pactar con nadie. Esa raya roja que impide alianzas electorales espurias hace que aquí Manuel Valls amenace con romper con Ciudadanos si pacta con Vox. Y no le falta razón en el rechazo. Menudo papelón el de Rivera si pacta con un partido trufado de franquistas para darle el poder y la primogenitura de la derecha al peor PP tanto en corrupción como en gestión. Tendrá que elegir entre ser una derecha liberal o el caballo de Troya para que la ultraderecha entre en las instituciones.

Una gran pregunta a hacerse tras las elecciones es ¿dónde estaban los trabajadores? Porque no puede haber cambio electoral y político en el contexto de profunda desmovilización en que se celebró el 26-M. Y eso que los sindicatos no fueron capaces de arrancar un mínimo cambio de la reforma laboral. La falta de valentía política que demostró Sánchez con este tema o con la no derogación inmediata de los recortes educativos, de la ley mordaza o el blindaje de las pensiones, se puede volver a repetir. La ministra de Economía acaba de anunciar que no piensa revertir la reforma laboral. Es evidente que no habrá cambios sustanciales sin presión en la calle.

De ahí, que el objetivo de la izquierda tiene que ser recuperar la movilización. Porque la desmovilización ha influido negativamente en los niveles de abstención en las zonas populares y es causa de su derrota. Además, la desmovilización genera temores ante la perspectiva de gobiernos de las derechas y ultraderecha. Puede haber un cambio de ciclo político y no pasa nada, es la voluntad popular. Pero lo que inquieta es que si a un nuevo poder político muy cafre no se le combate con los instrumentos que ofrece la democracia (derechos de expresión, manifestación y huelga), entonces aparece el temor de que pueden hacer lo que quieran. Tranquilizaría saber, por ejemplo, que se puede organizar desde una amplia plataforma vecinal una inmensa cadena humana que rodee Madrid Central y otras acciones para su defensa. Resistiremos solo si nos movilizamos.

Ahora, lo más importante sería empezar a reconstruir la izquierda, si es que quiere reconstruirse y no sigue optando por su autodestrucción. Con autocríticas sinceras y honestas, porque se han hecho muchas cosas mal empezando por los protagonismos y la incapacidad para dialogar, la implosión de la unidad en las fuerzas a la izquierda del PSOE en muchos territorios o el espectáculo de las negociaciones in extremis por las puñeteras listas que colocaban la unidad al borde del precipicio.

Pero si todos se dedican a criticar al otro, estamos perdidos porque no se busca recomponer la unidad sino intentar tener razón para seguir con las escisiones. Lo desolador es que las cosas apuntan en este sentido: los demoledores ataques a Iglesias al que se le responsabiliza de todo y se exige su dimisión, el uso habitual de palabras gruesas como traición, decir que Podemos se está convirtiendo en otra IU a modo de insulto que rezuma rancio anticomunismo, intentar apropiarse del 15M incluso por quienes ni lo pisaron o utilizar los malos resultados electorales en el Estado como arma arrojadiza. Vuelven también los cínicos discursos de crítica a la “pureza” de los que defienden ideas y principios, para justificar una supuesta superioridad moral de los que cambian de banda. Es algo muy viejo y sé de algún caradura que lo usó en otros tiempos contra sus críticos para conducir a un sindicato hacia la derecha y la insignificancia.

Por ello, sería un mal asunto si vuelan los navajazos y no se juntan las manos y se arriman los hombros para empujar en la misma dirección. Qué error si se sigue con el cainismo en vez de apostar por la unidad; que todo parezca estar dirigido a extender la división de Madrid al resto del Estado y a cristalizar la ya existente. No habremos aprendido nada si dentro de cuatro años nos encontramos, por ejemplo, con tres partidos a la izquierda del PSOE: Unidas Podemos, una especie de Más España (con otro nombre, claro) y una parte de IU, entre acusaciones de “Podemos se convierte en IU” o de “IU se disuelve en Podemos”.

Hay que afrontar la nueva etapa con sensibilidad, empatía, desterrando sectarismos, reforzando la democracia y la horizontalidad. Con equilibrio, sin expulsiones, intentando convencer a quien se quiere ir para que no lo haga; en suma, contando con todas y con todos porque nadie sobra. También con mucho esfuerzo, es decir, con pico y pala. No queda otra. Si se quieren hacer mejor las cosas habrá que apostar por climas amables en las organizaciones de la izquierda, cultivar la humildad de los dirigentes, defender la unidad como un valor, recuperar la movilización y jugar bien las bazas en las instituciones. Entonces ya no estaría todo perdido sino que, al contrario, estaría todo por ganar, aunque nadie pueda decir que vaya a ser fácil.

 

Fuente: www.cuertopoder.es


 
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